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Aguas termales y minero-medicinales - Balneoterapia
 

Se denomina agua termal a aquella que emana a la superficie con una temperatura 5ºC más alta que la temperatura media anual del lugar donde emana. Los beneficios de las aguas termales son debidos a la existencia de minerales en su composición obtenidos de la disolución.

Agua minero-medicinal
Es aquella que en su composición se encuentran minerales con características terapéuticas obtenidos de distintos procesos biológicos y geológicos. Las aguas termales son a la vez mineromedicinales, pero no todas las aguas mineromedicinales son termales, ya que podemos encontrar aguas mineromedicinales frías.

Clasificación de las aguas termales:

Dependiendo de la temperatura a la que se encuentre el agua subterránea, se disolverán distintos tipos de minerales, por lo que debemos hacer una clasificación de los distintos tipos de aguas termales en función de su origen, temperatura, origen geológico, composición química y composición mineral.

Existen diversos tipos de clasificaciones, ya sea por origen, temperaturas o composición química. Aquí les indicamos los tipos de aguas dependiendo de su composición en minerales, así como sus indicaciones:

Dependiendo de su composición en minerales:

Aguas Bicarbonatadas:
Aguas de baja mineralización, alcalinas y frías. Su uso es por ingesta, actuando sobre el metabolismo de manera que alcaliniza el PH gástrico si se toma en ayunas, disminuyendo la acidez y ayudando en el proceso digestivo.

Las más comunes son:
Bicarbonatadas sódicas: Indicadas en afecciones gástricas como la hipermotilidad intestinal, ulceras duodenales, diarreas y afecciones hepáticas y renales.
Bicarbonatadas cálcicas: mejoran la digestión.
Bicarbonatadas mixtas: mejoran la digestión.
Bicarbonatadas sulfatadas: indicadas en intoxicaciones hepáticas y estreñimiento.
Bicarbonatadas cloruradas: indicadas en afecciones reumáticas.

Aguas Cloruradas:
Aguas en cuya composición predomina el cloruro. Están indicadas en afecciones dermatológicas, aumentando las defensas de la piel. También tienen efecto antiinflamatorio si en su composición se encuentra sodio.

Aguas Ferruginosas:
Agua en cuya composición se encuentra principalmente hierro, aunque suelen acompañarse de bicarbonatos o sulfatos.

Están indicadas en casos de anemias ferropénicas y otros tipos de anemias, ya que este tipo de agua está considerada como reconstituyente. Otras indicaciones son en caso de obesidad, reumatismos, afecciones hepáticas, biliares y algún tipo de afecciones dermatológicas, así como para trastornos de desarrollo infantil.

Aguas Sulfurosas:
Se encuentra en suelos fangosos y está indicada para afecciones articulares, como procesos reumáticos y post-operatorios del aparato locomotor, anemias, neuralgias, dermatosis pruriginosas, inflamaciones alérgicas y afecciones respiratorias como el asma. Las aguas sulfurosas están contraindicadas en casos de hipertensión y hemoptisis.

Aguas Sulfatadas:
Se pueden sub-clasificar en:

Sódicas y magnésicas: tienen una importante acción laxante. Otras indicaciones son afecciones dermatológicas, prurito e incluso en algunos casos de intoxicación medicamentosa o alimenticia.
Sulfatadas cálcicas: indicadas en afecciones gástricas, intestinales, hepatopatías y biliares.
Sulfatadas cloruradas: indicadas en afecciones digestivas, gastritis, estreñimiento y también en casos de insuficiencia hepática.

La técnica de aplicación de este tipo de agua es por medio de la ingesta, aun que se puede aplicar por medio de otras vías.

Aguas Radioactivas:
Aguas en cuyo contenido se encuentra radón-gas, radioactivo de origen natural. Este tipo de agua utilizada en termalismo no tiene ningún efecto negativo. Al contrario, están indicadas para afecciones del sistema neurovegetativo, endocrino y para alteraciones en el sistema autoinmune, así como afecciones respiratorias crónicas, reumatológicas y dérmicas.

Aguas Sulfuradas:
Agua en cuya composición predomina el azufre, lo que le da un olor característico a huevos podridos. Están indicadas principalmente para procesos reumáticos, dermatológicos como ezemas, queratosis, psoriasis o pruritos y respiratorios crónicos, como laringitis, rinitis, bronquitis, asma.